jueves, 3 de abril de 2008

Sobre la inconveniencia de las bodas (2ª parte)




¿Y qué me decís del rito? Lo de casarse por un rito u otro es algo que se piensa poco, creo yo. Cuando un novio entusiasmado se arrodilla ante su chica y le pide en matrimonio mientras exhibe una cajita con sorpresa dentro (he visto demasiadas películas americanas, me temo) no se le ha pasado por la cabeza qué hará en caso afirmativo, sólo sabe que hará feliz al amor de su vida (hasta ese momento) y que a cambio conseguirá que la aludida esté más suave que un guante durante algún tiempo. Pero después del entusiasmo inicial hay que dar respuesta a esa pregunta insidiosa que suele hacer la futura suegra, que más que pregunta es una afirmación, y que como suele llegar por la retaguardia y sin previo aviso, suele pillar desprevenido y sin nada preparado y te encuentras ante la embarazosa tesitura de encogerte de hombros o balbucear un sí inconsistente que te hará arrepentirte el resto de tu vida: ¿os casáis por la iglesia, verdad?
Y es que los novios (siempre hay excepciones) no pisan la iglesia desde que hicieran la primera comunión y lo más cerca que han estado del sentimiento religioso es cuando pelan la gamba en la cena navideña. Y entonces comienzan las distintas alternativas.


  • Por la iglesia es mucho más vistoso, desde luego, y los padres se van a quedar más contentos que unas castañuelas

  • Por el juzgado es menos formal, no tiene la gravedad de la religión y no tienes que soportar el curso prematrimonial, que en algunas iglesias pretenden que no te saltes ni una clase y no aceptan excusas tipo “tengo mucho trabajo”, “salgo muy tarde”, etc (¡es que son insaciables los curas católicos!)

  • Por el rito gitano. Este sí que es vistoso y además dura unos cuantos días que dan para mucha juerga, pero tiene el inconveniente de que hay que pertenecer a la raza calé para que te dejen celebrarlo por esta vía.

  • Otra opción más pintoresca pero poco explotada es organizar un viajecito a Nevada y casarse en una capillita rosa de Las Vegas disfrazados de Elvis y Dolly Parton, aunque resulta difícil convencer a la familia y amigos de que además del sobre, paguen el avión, el hotel y las apuestas en el casino.

  • El rito balinés ha ganado adeptos entre el famoseo patrio pero hay que disponer de una billetera amplia y generosa.


Después de todas estas divagaciones, la cosa está entre la primera y la segunda opción pero aún así no deja de ser difícil decidirse. Si eres de Madrid, lo puedes tener más claro, los juzgados de Pradillo están masificados y son muy desangelados: salas mínimas, lectura cortísima y puntualidad administrativa no invitan a nadie. Claro que siempre puedes buscar un pueblecito rústico y envejecido, porque te casan en el ayuntamiento, que suele ser un lugar entrañable, y no hay problemas de fecha, porque hace mucho que nadie se casa allí. Mientras, la iglesia es más complicado, hay tanta demanda que no puedes elegir fecha a no ser que duermas en la cola de espera el día antes de comenzar las adjudicaciones (¡parece que regalan pisos!) sobre todo si se te antoja un templo histórico, con solera o de valor artístico, entonces se pone realmente difícil y tienes que aceptar una fecha ¡a dos años vista! (ni el Bulli, oiga).



Una vez tomada la gran decisión, hay que seguir adelante… en el siguiente post (o blog o como quiera que se llame)

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